Educador de Gatos

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Biografía


Jordi Ferrés, abril 2017.

Nací en enero de 1975 y me considero un amante de los animales. No soy veterinario ni etólogo.

En el año 2000 me fui a vivir a Inglaterra, trabajando como voluntario en The Cat Survival Trust, que es una ONG dedicada a los felinos salvages. Su lema es: "Working to Give Wild Cats a Future". Allí pasé un año y medio cuidando y alimentando más de 50 felinos, entre los que había leopardos de las nieves (especie altamente amenazada), linces de varias clases como el siberiano (enorme), el escandinavo (blanco durante el invierno y marrón durante el verano), Bobcats canadienses (parientes de nuestro casi extinguido lince ibérico), linces euro-asiáticos, caracales africanos, servales, algún gato montés de las montañas de Escocia, Gatos de Geoffrey (más pequeño que muchos gatos domésticos), gatos de la jungla (del sud-este asiático), gatos pescadores… Allí entré en contacto por primera vez con este mundo, donde pude aprender muchísimas cosas. El día a día era su alimentación, la limpieza de sus jaulas, la construcción de otras nuevas, velar por los cachorros y sus madres desde que sabíamos que estaban embarazadas hasta que ya eran suficientemente mayores…

De allí fui a Sudáfrica, donde estuve cerca de 6 meses. Hice también de voluntario en The Tsitsikamma Wolf Sanctuary, un centro de acogida de lobos siberianos, situado en el Parque Nacional de Tsitsikamma, donde fui el responsable de criar a 6 cachorros de lobo siberiano confiscados por la policia. Se quería evitar al máximo el contacto con humanos, así que me pidieron si yo quería esa responsabilidad. Así que solo me veían a mi y yo era alguna cosa menos que su madre. Yo les daba de comer, les limpiaba su pequeño cercado, jugaba con ellos, les daba un centro de calor en el que confiar… Al final de mi etapa en Sudáfrica, conseguí introducirlos con éxito con dos lobas adultas que vivían solas en un cercado. Cabía la posibilidad de que la cosa no fuese bien, y que se pudiese vivir alguna escena de rechazo, pero no fue el caso. Al cabo de pocas visitas que hacian los cachorros al nuevo cercado, ya les pedían a sus nuevas madres que les regurgitaran la comida. Y lo hacian. En realidad, ellas estuvieron muy contentas de que aquellos cachorros corrieran por todos sus dominios.

Pocos meses después de volver a Cataluña, empecé a trabajar en el Centre d’Acolliment d’Animals de Companyia de Barcelona, el CAACB. Fue a principios del año 2003, óbviamente cuando las leyes ya no permitían la eutanasia, sinó yo nunca hubiera trabajado allí. Durante un año y medio aproximadamente, me ocupé de la sección de los gatos donde llegamos a tener una población estable y controlada de unos 150 gatos. Pasaron muchos gatos, demasiados. Éstos superaron el abandono, los accidentes, las heridas, las operaciones, el maltrato, la humillación, el frio y la falta de comida, el miedo y la angustia… y finalmente muchos de ellos encontraron una nueva casa.